«Simplemente decirme» Vincent Guillot (2015)

Vincent Guillot

Publicamos en Derechos Humanos Intersex, el texto de Vincent Guillot: «Simplemente decirme» / «Me dire simplement», publicado originalmente en lengua francesa «Mon corps a-t-il un sexe ?», 2015, Collection: Recherches; Éditeur: La Découverte; pages 296 à 301, y ahora en su versión en español (traducción de Norberto Gómez)

Agradecemos y agradezco en lo personal como coordinador de «Derechos Humanos Intersex» a Vincent Guillot, el permiso para publicar este texto imperdible.

Encontrarán la versión escrita en francés, cliqueando el enlace que se encuentra a pie de esta publicación.

Agradecemos, también, a Amets Suess Schwend, por la imagen de portada que realizó y nos facilitó, titulada: «Intersecciones I».

(PD.: hemos respetado el uso de lenguaje inclusivo, allí donde Vincent Guillot lo ha utilizado. Sin embargo, por razones de construcción de párrafos en español, lo hemos utilizado donde él no, así como no lo hicimos donde en español habría que escribirlo)

Derechos Humanos Intersex

Simplemente decirme

Vincent Guillot

Cuando me invitan como testigo, escucho: «Tú eres menos, nosotros somos más». Así que solo puedo decirme, revelarme y, a cambio, usted dirá quiénes somos. Pero me parece que, con respecto a la intersexualidad, la pregunta no es «quien-es-menos» sino «quién-se-piensa-más». No es a nosotros a quien interroga, sino a usted, quien no se atreve a cuestionar su cuerpo, su sexo, sus prácticas sexuales y amorosas, sus fantasías y sus fobias. Y esto, de manera recurrente, en tanto la profesión médica como la comunidad universitaria consideran la cuestión «intersex» como extremadamente complicada. A mi entender, no es así, es usted quien la hace compleja, usted está complicado.
Pero como acepté su invitación, trataré simplemente decirme

Ser Intersex

He sido declarade de sexo masculino y nunca refuté esta asignación aunque nunca adherí a ella. ¡De qué sirve, si yo no existo! solo que, toda mi infancia fue un cuestionamiento sobre el hecho que me dijeron lo que no soy, que debo conformarme entonces con lo que no creo: es lo que llamé luego «el paradigma intersex» [Guillot, 2008]. Nunca me he odiado a mí misme, amo mi cuerpo y lo que soy, mi familia también me ama como soy. Más allá del hecho que siempre fui, y algunas veces todavía soy rechazade a una «tierra no humana», borrade, negade, mi sufrimiento viene de otra parte y está anclado en mi cuerpo como consecuencia de los tratamientos médicos que fueron impuestos violentamente a mis padres y a mi cuerpo. Soy el  tercero en una familia de seis hermanos, y pasé una buena parte de mi infancia en el hospital o en convalecencia sin que yo ni mi familia supiéramos o pudiéramos entender, debido a la ambigüedad del discurso médico, de qué se trataba. Casi medio siglo después, toda mi familia sigue sufriendo profundamente: tiene las cicatrices psíquicas y, en cuanto a mí, además, tengo cicatrices físicas que deben ser tratadas regularmente, porque la fontanería fatiga. No guardo rencor a nadie, ni siquiera a los médicos, porque ahora sé quién soy, puedo decirme, por tanto existo. Simplemente, los médicos arruinaron mi cuerpo e intervinieron físicamente sobre mi cuerpo para anticipar el sufrimiento psicológico supuesto a mis padres, desplazando el problema y creando un sufrimiento mucho más pesado y duradero: el tratamiento médico de la intersexualidad tiene, en efecto, esta particularidad de intervenir físicamente en el cuerpo sano aunque no se ajuste con un tercero (el niño) para reducir el sufrimiento psicológico de otro tercero (los padres) [Rajon, 2008]. Si tales intervenciones funcionaran, podríamos estar contentes con ellas pero, lamentablemente, en lugar de resolver el problema, no hace más que agregar, al dolor de tener un hijo que no se ajusta a las expectativas de la sociedad, otro sufrimiento que es mucho más duradero para los padres [1]: la duda, la pesadez de tener que acompañar una infancia hipermedicalizada sin conocer los entresijos, tener que llevar un tabú creado de la nada por el «paradigma Hopkins» [2]. Finalmente, comprendí que en el seno de mi familia, tengo el lugar más envidiable, soy el menos afectado por este asunto. Son mis padres, hermanos y hermanas quienes más lo han sufrido, quienes aún sufren; en tanto yo, excepto mi cuerpo hecho innecesariamente inválido, me las arreglo bien, a diferencia de muchas personas intersex.

El cuerpo médico y la intersexualidad

Veo siempre con perplejidad la forma en que el cuerpo médico trata a la intersexualidad. Incluso si las fronteras comienzan tímidamente a cambiar, la mirada que los médicos llevan sobre su práctica sigue siendo aleatoria y, a menudo, problemática. Si, además, se consideran las modificaciones hormono-quirúrgicas realizadas a favor de les trans, la pregunta se vuelve abismal. Recientemente, tuve la oportunidad de ver una metoidioplastia realizada por un cirujano de Lyon. Esta técnica, lejos de ser perfecta, da resultados satisfactorios cuando la practican médicos extranjeros competentes -que sea dicho de paso, ¡han «echado mano» en cuerpos intersexuales! Pero la metoidioplastia de Lyon es, en última instancia, solo la fabricación de un «brote genital» y nunca cumplirá las funciones para las que fue solicitada. Así que me pregunto por qué algunos practicantes transforman los «brotes genitales» de sexo pseudo-femenino y otros lo hacen desde cero. Por otro lado, he tenido la oportunidad, muchas veces, de ver sexos femeninos fabricados tanto para trans como para intersexuales. Unas lo pidieron, los otros no lo eligieron  porque ha sido hecho durante la primera infancia. Para las personas trans que han tenido la oportunidad de acceder a los servicios de cirujanos extranjeros competentes, el resultado es perfecto y funcional. Para las personas intersex, el resultado no suele parecerse a un sexo femenino, y esta operación es, además, una fuente de sufrimiento tanto física como psíquica.

La literatura médica sobre los intersex es abundante. Los practicantes hacen constatar ahí, generalmente, su insatisfacción, se plantean preguntas, pero nunca cuestionan fundamentalmente sus prácticas. Citan a sus pacientes, su sufrimiento, su insatisfacción, pero a menudo posponen las razones de estos reproches a los padres, y especialmente a la madre: «Poco acompañadas, estas jóvenes mujeres viven sin un verdadero sostén familiar (especialmente de la madre)…” [Gueniche 2008]. Nunca  piensan realmente en su práctica o en la forma deliberadamente compartimentada en que informan a los pacientes y sus familias: » ¿’Cuándo’ decir? Y mucho más, ¿’Qué’ decir? […] ¿Vale la pena contar todo? […] una divulgación fragmentada puede considerarse como un primer borrador de verdad. Permite ir de lo secreto a lo no dicho…» [Michel 2008]. Algunos testimonios son espantosos, tal es el inmenso dolor de les pacientes. Una de entre ellas habla de violación acerca de las sesiones de dilatación. Ella lo dice muy claramente: «Sin duda, una pequeña niña de tres años, llevarla al ginecologo, desnuda, envuelta en un paño… bujías de penetración, no de dilatación, guantes de penetración, estoy llorando, mi madre me está abrazando, todo eso … me digo que para ella, debe haber sido doloroso». En su comentario, el practicante habla de fantasía de violación, («[…] después, la aparición de esta fantasía de violación realizada con la complicidad de una madre que llora» [Gueniche et al. , 2008]), como si le fuera imposible de ver, escuchar la cruda realidad de este acto terapéutico, esta penetración que tuvo lugar sin el consentimiento de la persona interesada, y con el único propósito de curar el sufrimiento psíquico de los padres. Se trata verdaderamente de una violación que se vive como tal, y es informada por la mayoría de las personas que enfrentan estas dilataciones en la infancia.

Todos estos estudios se basan en el postulado que no puede haber más  que hombres o mujeres (hombres / mujeres, niños / niñas), como si no existieran identidades alternativas, como si los estudios de género no existieran. Peor aún, como si no existiéramos. El título del artículo del que tomé el testimonio de violación, es sintomático de este postulado: «La identidad sexual en impasse» [Gueniche et al., 2008]. Sin embargo, al leer los testimonios en este documento, queda claro que no hay un «impasse» sino una «re-construcción» de la identidad de género (los queer dirían «de-construcción»). Este fenómeno en las personas intersex, pero también en muchas personas con cuerpos conformes, es anterior a la «teoría queer«. solo que, antes de Judith Butler [1990], había pocas palabras para decirse [3].

Hoy aún, es necesario ser iniciado para conocer sobre estudios de género. Sin embargo, la profesión médica conoce este dominio de estudio pero es incapaz de tomarlo en cuenta en sus propios estudios. «La identidad sexual en impasse» es verdaderamente sintomático de este hecho. Para los autores no está permitida la duda: «La identificación del sujeto como humano es impuesta por la sociedad como reconociéndose hombre o mujer […] en el dominio de la sexualidad humana, la duda no está permitida: se es hombre o mujer, no ambos a la vez… » [Gueniche et al., 2008]; y tanto peor si las mediciones utilizadas para evaluar a las «mujeres» XY (es decir, tener una fórmula cromosómica considerada «masculina») no coinciden. El capítulo «Vida amorosa y sexual» es muy negativo respecto de las personas estudiadas. No solo este capítulo muestra que, si ellas tienen dificultades relacionadas con su sexualidad, también es a causa de órganos que no han sido fabricados para tener relaciones sexuales, sino, allende, todas las evaluaciones se realizan con una grilla de lectura femenina. Se habla, por lo tanto, de homosexualidad cuando las personas estudiadas tienen relaciones sexuales con mujeres y experiencias sexuales de tinte perversa. No pude consultar el estudio de referencia [Spira et al., 1993] pero hay una fuerte apuesta que si la población de referencia hubiera sido masculina, el resultado hubiera sido menos negativo, incluso si aún no fuera satisfactorio. De hecho, no hay una grilla para leer la intersexualidad. La evaluación menos inexacta consistiría sin dudas en hacer un promedio de los resultados hombre / mujer del estudio de referencia, pero habría que reconocer que existen otras identidades sexuadas, lo que los practicantes rechazan.

Las prácticas

La intersexualidad no es generalmente vista más que como una incapacidad en utilizar sus órganos genitales para los usos convencionales. Estos usos son restrictivos y no tienen en cuenta la capacidad de las personas para usar su sexo de otra manera. Me encuentro regularmente con personas que, sin jamás reivindicar los estudios de género, sin siquiera conocerlos, tienen una utilización diferente a las convenciones habituales. Por ejemplo, muchos compañeros de hombres que no tienen un pene, o con un pene que no permite la penetración, dejan muy claro, que sí les gusta este hombre, si se sienten atraídos por él, también es por esta característica física. Cuando uno de ellos expresa el deseo de una modificación corporal, crea importantes disensiones en la pareja, a veces incluso la ruptura. También me encuentro con mujeres sin una cavidad vaginal, o con cavidades fabricadas pero dolorosas, que tienen una sexualidad no penetrante satisfactoria. Finalmente, también conozco a hombres que tienen un pene que no puede penetrar y / u orinar parado y están satisfechos con eso. A la inversa, son numerosos los testimonios de mujeres y hombres con genitales convencionales de los cuales ellas / ellos no están conformes y hacen la felicidad de los psi y cirujanos estéticos, sin contar a los hombres que, teniendo pene mucho más voluminosos que el promedio, sufren enormemente.

Conclusión

Sobre todo nosotros, intersex, sufrimos de no existir, por el hecho que los médicos no saben o no quieren decirnos francamente quienes somos, y modifican nuestros cuerpos sin nuestro consentimiento, sin incluso, seriamente, aquel de nuestros padres, porque son incapaces de confesar que, modificarnos, es proyectarse en nosotros. La cuestión intersex es ante todo epistemológica; se inscribe en la historia de la medicina, en aquella de la subyugación de los cuerpos no masculinos y, por este hecho, escapa a las reflexiones de los médicos que no se interrogan más que sobre sus técnicas en lugar de interrogarse sobre la historia médica de la intersexualidad y sobre la relación que ellos mantienen con su propio cuerpo sexuado.

Notas

[1]   No abordo aquí la cuestión del hetero-patriarcado, el falocentrismo, y la preservación de un orden moral, bien documentado en estudios feministas.

[2]  El nombre de la clínica en Baltimore, en los Estados Unidos, donde ejercía el doctor John Money, quien teorizó que en todos los niños la identidad de género no es fija al nacer, hasta los dos años; la manera en que el adulto se vivirá y se verá, como hombre o como mujer, dependiendo de la manera en que se le ha educado. En el caso de los niños intersexuales, Money, a partir del caso John/Joan presentado como un éxito total, encuentra la manera de poner en práctica y “probar” su hipótesis. Sostiene, en efecto, que basta operar antes de dos años, guardando sobre todo el silencio absoluto sobre la diferencia del niño, y reforzando constantemente la identidad que se haya decidido, para que los niños intersex se conformen “naturalmente” al sexo asignado. A partir de los años cincuenta, esto se convertirá en la norma de conducta para los niños intersex en América del Norte, antes de exportarse también a Europa.

[3]  Al menos, estas palabras eran conocidas solo por un pequeño número: creo que aquí, en particular, la literatura de lesbianas poor worker que desarrolla desde la década de 1930 una teorización y un vocabulario muy rico en la materia.


Cliqueando sobre la imagen se enlaza a la versión primigenia en francés de: Me dire simplement, por Vincent Guillot

El texto original en francés, fue adquirido en carácter de «compra-contribución» de la obra «Mon corps a-t-il un sexe ?», el 10 de marzo de 2019, a Cairn S.A. 58/60, rue des Champs B-4020 Liège BELGIQUE. Commande n° 201903100730-6881568


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